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 Asunto: Carta nº 487
NotaPublicado: 31 Ene 2012, 15:42 

Registrado: 04 Nov 2011, 21:27
Mensajes: 7
La Casona, 3-1-2012
Querida Noelia:
No sabes la impresión que me causa verte; tan sólo con rozarte mi mirada, me basta para pensar en ti sin descanso. Por eso, escribirte es más que una liberación, es dejar que los elefantes, que me aprisionan, vuelen libres como palomas mensajeras en busca de tus palabras, de tus ilusiones errantes que anhelo se crucen en mi rumbo. Quiero entenderte, me rompo la mente intentándolo. ¿Por qué no reaccionas, qué te impide dedicarme, al menos, un minuto de tus largos momentos de agonía, de absoluta soledad y silencio? ¿Qué hay debajo de tu mirada, de esa roca impenetrable? ¿Por qué tus ojos, alegres cuando me tienen cerca, se entristecen cuando parto? ¿Qué raíces de ti misma te impiden acercarte a la dicha, la que sólo te puede dar otro corazón, otro cuerpo hirviente, dispuesto y entregado? ¿Por qué te empeñas en cerrar todas las entradas? Cualquier leve resquicio, que naturalmente se abre en ti camino, inmediatamente lo taponas. No me queda otro remedio que irme a otra galaxia, aunque esté a cinco metros de ti. Y camino ausente, perdido de mí mismo, ni yo me encuentro. Dentro de mí, estoy como el que agoniza al ver a su musa inalcanzable. Yo te veo así: alma ausente, aunque te roces al cruzarte conmigo. Además de inaccesible, estás en tan alto pedestal que me cuesta encontrar escala que me aproxime a tu corazón, a tu pecho tan necesitado y, sin desmayo, lo intento.
Tanto te he dicho y escrito que harían falta muchos libros para albergarlo; y tú sólo llegas a dirigirme alguna ojeada furtiva, porque tus palabras, hasta ahora, sólo me dan largas.
Este amor impetuoso me tiene el pecho en ascuas, incluso el alma, mi afable alma que se arrastra por los valles de una dicha que te busca. No soy responsable de este impulso, incontrolable, que te profeso. Me siento un simple instrumento: el que alimenta la sangre más roja y cálida, impregnada de ti hasta el más mínimo glóbulo.
Me quiero acostumbrar a verme como un narciso, como un sol radiante. Ansío que, cuando nazca el día, mis ojos hayan encontrado tu cuerpo. Persigo el amanecer como cualquier ser que vive tranquilo sobre la Tierra. Pretendo sentirme como el astronauta que recorre el espacio sin sobresaltos, como el cometa que regresa, como el agua que pasa inadvertidamente, como el enamorado que alcanza su paraíso. ¿Cómo conseguirlo si no te acercas a mí? Lo sé, bastante me dejas entrever con tus silencios, con tu mirada perdida en los océanos. ¡Pero eso no es bastante para alejar al que ha estado endulzando durante años tus oídos con sus palabras tiernas! Soy incapaz de controlarme, tengo ya podrido el cerebro, agujereado y sin poder dirigirlo. Mi cabeza ya no es mía, la tienes absolutamente consumida, absorbida totalmente por tu imparable marea: me corroe, me deja los huesos sin tuétano, sin fuerzas para hacerme vivo.
Te amo sin neuronas que sepan algo de la realidad, de lo que hay dentro o fuera de mí, dónde está el mundo, el espacio, los demás, yo mismo.
Seguro estoy, porque te conozco, porque adivino la estrella polar de tu destino, que te costará responder a estas letras, que ni sé con qué tinta escribo, ni con qué ánimo; quizá con el aliento del que nada aguarda, esperándolo todo; del que nada va a recibir, habiéndolo dado todo: vocablos que se perdían en tus cabellos, poemas que guardabas en cajones, hermosos sentimientos que recibías, aliento cálido que expulsaba el frío de tu soledad, risas que te hacían feliz… Y tú escuchabas, leías, reías…quizá amabas, soñabas o dormías, pero no muy cerca de mí, aunque todo eso salía de mi aura.
Cómo te vas a molestar en responder a esta carta, después de tantas cosas propuestas y no tenidas en cuenta. Aún así, en lo más íntimo y secreto de mí, por una vez, tengo la esperanza de un leve movimiento, alguna insinuación, una respuesta.
Tantas cosas me quedan todavía por decirte, quizás lo haga cuando nos volvamos a encontrar; pero no te preocupes, romperme más ya no puedo, porque estoy completamente roto. Eso dice lo mucho que te quiero.
Nos veremos en la fiesta.
Teodoro Campa


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